Puede ser que parte de la culpa de la utilización de algunos aditivos la tengamos los propios consumidores de los productos finales. Nuestro estilo de vida no nos permite hacer la compra cada día y consumimos productos con conservantes, antioxidantes y demás aditivos. Ante dos productos semejantes optamos por el que nos proporcione una fecha de caducidad más alejada, si un pan de molde no dura lo que consideramos conveniente optaremos por otro de más larga duración y si una mermelada de fresa es de color parduzco, optaremos por la de color rojo intenso. A lo mejor, si hubiéramos elegido las otras opciones, nos habríamos ahorrado los conservantes y antioxidantes en la carne, los estabilizantes en el pan de molde y los colorantes de la mermelada.

Es cierto que el uso de ciertos aditivos conservantes son casi inevitables para nuestra propia seguridad. Pero también deberíamos exigir que ante la necesidad de usar aditivos, se utilizaran sólo aquellos cuya inocuidad estuviera demostrada y su elección fuera ajena a cualquier interés de ahorro  económico.

Los consumidores deberíamos saber lo que comemos en cada momento y la repercusión que ello nos podría provocar y sobre todo porque cuando hacemos la compra la mayoría de las veces ignoramos que junto a la carne, el pescado, la fruta y la verdura, nos llevamos a casa un montón de E-… que pasarán a formar parte de nuestros platos, que entrarán en nuestros estómagos y pasarán a nuestro torrente sanguíneo. En el mejor de los casos los eliminaremos aunque serán relevados por otros. El problema está en aquellos aditivos que pueden estar produciendo daños en nuestro organismo y quizá no lleguemos a tiempo para solucionarlo.

 

Pero ¿Qué es un aditivo alimentario?

Es aquella sustancia, que sin ser un alimento y sin necesidad de poseer valor nutritivo, se añade de manera intencionada a alimentos y/o bebidas en cantidades mínimas con el fin de modificar sus características organolépticas o mejorar o facilitar su proceso de elaboración, conservación, envase, transporte o almacenamiento. (Directiva 89/107/CEE del Consejo).  Como resultado final de estos procesos de mejora, se obtienen ganancias de peso del producto.

No son nuevos, llevan mucho tiempo entre nosotros

La utilización de aditivos en la alimentación ha existido siempre. Se emplean desde que el hombre aprendió a conservar los alimentos de su cosecha para el año siguiente. Conservaban la carne y el pescado con técnicas de salazón y ahumado. Los alimentos se conservaban con sal, vinagre, humo, especias o aceite.  Además los egipcios ya utilizaban colorantes y aromas para aumentar  el atractivo de algunos alimentos y los romanos empleaban salmuera (nitrato potásico), especias y colorantes para conservar los alimentos y  mejorar su apariencia.

Sin embargo, con el desarrollo de la industria y de los alimentos manufacturados e incluso posibles intereses farmacéuticos, el incremento de los aditivos en la alimentación ha crecido de forma brusca por lo que parece que su utilización se deba a intereses meramente económicos y no de protección de la salud de los consumidores.

Durante los ochenta, cambiaron los requisitos del etiquetado y comienza a difundirse una visión negativa de los aditivos alimentarios. Hasta entonces, simplemente debía aparecer la indicación de “conservantes, antioxidantes, colorantes,…”. De esta somera indicación se pasó a la publicación de largas listas de nombres químicos precedidos de la letra “E”. Con ello, comienzan las campañas antiaditivos cuya finalidad era la de eliminarlos o reducirlos al máximo posible. Aparecieron numerosos artículos en prensa alegando lo perjudicial de su uso y los efectos secundarios de su consumo, como podían ser la hiperactividad y la aparición de determinadas enfermedades crónicas. Al mismo tiempo comenzaron técnicas de conservación alternativas al uso de aditivos: la refrigeración y la congelación.

¿Qué dice la normativa?

La Directiva europea 89/107/CEE establece cuáles son estas funciones:

  • contribuir a la conservación
  • asegurar la seguridad y la salubridad
  • hacer posible la disponibilidad de alimentos fuera de temporada
  • aumentar o mantener el valor nutritivo
  • potenciar la aceptación del consumidor
  • facilitar la preparación del alimento.

En Europa, los aditivos alimentarios deben contener el prefijo “E” y continúan con un número dependiendo de la función que cumplan en el alimento:

  • E-1… colorantes
  • E-2…conservantes
  • E-3…antioxidantes
  • E-4…emulsionantes, espesantes y gelificantes

Lo cierto, es que a pesar de la regulación tan estricta y las revisiones periódicas para comprobar la seguridad del uso de los aditivos, su utilización y consumo siguen siendo controvertidos.  Hay campañas que alaban las bondades de su uso alegando que gracias a los aditivos la oferta de alimentos es abundante, segura y accesible a todo el mundo. Otras voces se oponen a estos productos porque su utilización es puramente económica, porque no son inocuos e incluso porque pueden llegar a ser peligrosos.

Cuando España adaptó su legislación a la de la Unión Europea, algunos aditivos que hasta entonces se habían utilizados habitualmente, fueron prohibidos definitivamente. Hoy existen aditivos autorizados en España y que están prohibidos en otros países.

Deberíamos reducir al máximo el consumo de aditivos eligiendo  para nuestra cesta de la compra productos frescos y naturales, sin procesar ni manufacturar. Tarea harto difícil.

También deberíamos tener en cuenta cuál es la  I.D.A. (ingestión diaria admisible) de un aditivo, y a la vez, saber que ese aditivo puede estar presente en otros alimentos consumidos durante el día y que entonces deberían sumarse las cantidades. Otro problema es que algunos aditivos no tienen un I.D.A. establecido.

Tipos de aditivos

  1. Colorantes (E-1…)

Es aquel tipo de aditivo alimentario que proporciona color a los alimentos y bebidas. Actualmente, en la industria alimentaria se emplean estos colorantes con la finalidad de modificar las preferencias de consumo, ya que el color es uno de los principales atributos en los que se fija el consumidor a la hora de escoger  un alimento frente a otro.

Deberíamos prescindir del uso de los colorantes ya que simplemente aportan color, siendo un aditivo inútil y que sin embargo produce un elevado número de reacciones alérgicas.

Los colorantes pueden ser naturales o artificiales pero el hecho de que un colorante sea natural no significa que sea inocuo.

En los países nórdicos están prohibidos la mayoría de los colorantes artificiales. En EEUU están autorizados 9 y en España 23.

Algunos colorantes alimentarios

Tartracina (E-102)

Es un colorante artificial muy utilizado. Está presente en la mayoría de las bebidas anaranjadas y se usa para teñir la paella.

Provoca reacciones alérgicas además de trastornos de comportamiento en los niños.

Este colorante podría sustituirse en nuestras recetas por productos naturales como la cúrcuma o el azafrán, que aportarán el color sin perjudicar nuestra salud.

Cochinilla (E-120)

Es un colorante natural que proviene de ciertos insectos, puede ser peligroso para los niños o si se mezcla con ciertos analgésicos.

  1. Conservantes (E-2…)

Son aquellos aditivos que se añaden a los alimentos con la finalidad de detener o reducir los efectos que microorganismos como las bacterias, levaduras y mohos, pueden producir en los alimentos o bebidas. La acción de estos microorganismos puede ocasionar elevadas pérdidas económicas para la industria alimentaria, para algunos productos antes de su comercialización, para los distribuidores y para los consumidores.

El principal motivo para la utilización de los conservantes es evitar el deterioro de los alimentos, ya que un alimento en mal estado puede resultar extremadamente peligroso para la salud de los consumidores (por ejemplo, la toxina botulínica producida por la bacteria Clostridium botulinum  se encuentra presente en las conservas mal esterilizadas y embutidos y en otros productos envasados. Esta toxina es una de las más venenosas que se conocen, miles de veces más tóxica que el cianuro en dosis similar).

El otro motivo para utilizar los conservantes es evitar la pérdida de alimentos ya que más del 20% de los alimentos que se producen en el mundo, se pierden por acción de estos microorganismos.

Dentro de la extensa lista de conservantes, nos encontramos con los sulfitos, los nitritos y nitratos y el ácido bórico.

Sulfitos (E-220 al E-228).

Son de obligada declaración en el etiquetado de los alimentos. Aquellos alimentos y  bebidas que contengan sulfitos en concentraciones de 10 mg/kg – 10mg/l ó más, deberán advertirlo en la etiqueta.  Su consumo puede producir  hipersensibilidad y reacciones alérgicas.

Son muy utilizados en la elaboración de vinos, zumos de uva y mostos. También en la sidra y el vinagre, en las salsas de mostaza, conservas vegetales y en los crustáceos.

Nitritos y nitratos (E-249 al E-252)

Los nitratos se encuentran de forma natural en suelos, agua, vegetales y  animales.  Estos niveles de nitratos se incrementan con  el uso de fertilizantes nitrogenados, abonos y pesticidas. Pero no debemos dejar de consumir vegetales ya que alguna sus vitaminas que son antioxidantes y sus carotenoides y flavonoides, contrarrestan los efectos negativos que producen los nitratos.

Los nitratos también se encuentran en otros alimentos de nuestra dieta como son los alimentos salados, bebidas refrescantes, algunos embutidos, carnes, pescados, etc. Los nitratos y nitritos se usan en la conservación de carnes y pescados y se consideran vitales para el control y prevención del botulismo.

Cuando los nitratos se oxidan se convierten en nitritos. La conversión de nitrato a nitrito se puede producir mientras se almacenan los vegetales frescos a temperatura ambiente. Pero esta oxidación también puede producirse en diferentes partes del aparato digestivo (boca, esófago, estómago,…), de ahí que se les atribuya una mayor relación con el cáncer gástrico.

Ácido bórico (E-284)

Se emplea en el caviar, marisco, huevas de pescado, conservas enlatadas, fideos chinos y arroz al vapor.

La O.M.S. lo considera INACEPTABLE como aditivo alimentario sin embargo algunos fabricantes siguen utilizándolo. Su consumo elevado durante 5-10 años, puede provocar cáncer en humanos.

Está prohibido en Estados Unidos, Indonesia y otros muchos países, pero algunos países europeos, incluida España, si lo permiten.

  1. Antioxidantes (E-3…)

Sustancias que previenen el deterioro de los alimentos. Retrasan la oxidación de los alimentos por el contacto con el oxígeno. No evita la oxidación definitiva.

Algunas vitaminas como la C y la E y algunas plantas como el romero, son antioxidantes naturales.

La mayoría de los antioxidantes que se utilizan en la industria alimentaria son habitualmente de origen químico. Algunos son simples reproducciones sintéticas de sus equivalentes naturales.

  1. Estabilizantes (E-4…)

Incluye espesantes, gelificantes y emulsionantes.

Los espesantes y gelificantes suelen ser de origen natural y generalmente provienen de algas marinas. Absorben el agua de los alimentos y producen un hinchamiento del producto reduciendo su densidad calórica.

Los emulsionantes dan homogeneidad al producto. Retienen las grasas, mejorando su distribución. Pueden ser emulsionantes naturales o químicos. Normalmente, el organismo los absorbe con facilidad.

  1. Potenciadores del sabor

Aditivos que no tienen sabor propio pero potencian el sabor de otros alimentos. Engañan al paladar realzando otros sabores.

Se utilizan sobre todo en productos a los que se les ha extraído el agua como las sopas de sobre o a productos sometidos a congelación o calentamiento. Se utilizan en todo tipo de precocinados o prefabricados.

Suelen ser naturales aunque algunos son de síntesis química.

Ácido glutámico (E-620)

Es un potenciador del sabor semisintético. Su sabor es Umami (se llaman así aquel sabor que no es ni dulce ni salado ni amargo ni ácido). También se usa como sustituto de la sal y su consumo incita a seguir comiendo el producto que lo contiene.

Se emplea en snacks, aperitivos fritos, sopas de sobre, pastillas de caldo, patés, pizzas, salsas, embutidos, derivados de pescado, arroz, aceitunas, fideos chinos, encurtidos, productos cárnicos, y productos dietéticos.

En dosis bajas puede ser excitogénico y neurotóxico. Contraindicado en personas con enfermedades neurológicas como parkinson, alzehimer, epilepsia, transtorno bipolar.

En grandes dosis pueden producir reacciones alérgicas y asma.

  1. Otros aditivos

Humectantes, sales de fusión, antiapelmazantes, agentes leudantes, desmoldeadores, almidones, portadores, agentes endurecedores, gasificantes.

 

 

Más información

http://www.eufic.org/page/es/seguridad-alimentaria-calidad/aditivos-alimenticios/
http://www.eufic.org/article/es/seguridad-alimentaria-calidad/aditivos-alimenticios/artid/aditivos-alimentarios/
http://www.aditivos-alimentarios.com/p/listado-de-aditivos.html
http://eur-lex.europa.eu/legal-content/ES/TXT/?uri=URISERV:l21067
https://www.boe.es/buscar/doc.php?id=DOUE-L-2001-80320
https://www.nlm.nih.gov/medlineplus/spanish/ency/article/002435.htm